Correr con ruedas cuadradas


Una desafortunada consecuencia de esta creencia (la de que cada corredor optimiza de manera natural su técnica particular) es que la mayoría de los corredores no pasa el tiempo suficiente intentando mejorar su técnica.


Después de todo, si la técnica ya es óptima, ¿por qué intentar cambiarla? Los corredores serios tienden a pasar mucho tiempo ideando sesiones de entrenamiento desafiantes con el fin de mejorar variables claves del rendimiento, como el VO2 máx, la velocidad del umbral de lactato, la resistencia a la fatiga, y la velocidad máxima de carrera. Sin embargo, tienden a hacer caso omiso de sus propios patrones de movimiento y no desarrollan estrategias para mejorar la calidad de la zancada.


El resultado más frecuente es que esos corredores desarrollan «máquinas» enormes -corazones voluminosos que pueden bombear grandes cantidades de sangre rica en oxígeno a los músculos de las piernas y otros músculos sensibles con capacidades oxidativas muy grandes-.


Pero estas máquinas rara vez producen los mejores rendimientos posibles, porque están acopladas a piernas que no logran interactuar óptimamente con el suelo (en otras palabras, piernas que funcionan de manera subóptima). Es un poco cómo instalar un magnífico motor Rolls-Royce en un automóvil y luego equipar el vehículo con ruedas cuadradas de piedra.